
Ser lombriz.
habitante (sub)consciente del territorio.
Un aparato digestivo,
de los detritus arqueológicos de la ciudad,
para devolverlos al ecosistema urbano
como artefactos comunicativos.
Crear desde un proceso lento. Anticonsumista. Basado en recoger y rehacer
sobre los propios escombros del hacer,
manipulados y hackeados en sus aspectos
de forma, significado, uso o color,
generando piezas que construyen
un lenguaje estético, identitario y simbólico,
para comprender, investigar e interactuar
con el contexto humano y posthumano.
Del escombro al artefacto.
Y del artefacto al lenguaje.
El artefacto-dialogante,
como eje principal de la práctica.
Máscaras, mapas, totems, prótesis o vestimentas. Medios para generar un playground
donde intercambiar múltiples relatos
desde lo individual a lo colectivo.
Archivos de memoria mutable y maleable.
Una memoria juguetona, con la que travestirse capa a capa de los miedos propios y ajenos,
de aquellas fantasías grotescas
que se acumulan entre el horror y el vacío,
para trascender los límites: cuerpo-mente-espíritu.
Performar para intercambiar.
El diálogo con los artefactos
se construye desde la activación del cuerpo,
Rehabitar el objeto-dialogante,
resimbolizar para poder darle vida
y conjugar al lenguaje con les otres.
Ser espect-actoras en un intercambio constante
de roles, entre hacer, habitar, observar y dialogar.
Una lombriz habitando entre lombrices,
en un deriva por las grietas que atraviesan
los paisajes de la cocreación y el juego.
Jugar siendo lombriz.
habitante (sub)consciente del territorio.
Un aparato digestivo,
de los detritus arqueológicos de la ciudad,
para devolverlos al ecosistema urbano
como artefactos comunicativos.
Crear desde un proceso lento. Anticonsumista. Basado en recoger y rehacer
sobre los propios escombros del hacer,
manipulados y hackeados en sus aspectos
de forma, significado, uso o color,
generando piezas que construyen
un lenguaje estético, identitario y simbólico,
para comprender, investigar e interactuar
con el contexto humano y posthumano.
Del escombro al artefacto.
Y del artefacto al lenguaje.
El artefacto-dialogante,
como eje principal de la práctica.
Máscaras, mapas, totems, prótesis o vestimentas. Medios para generar un playground
donde intercambiar múltiples relatos
desde lo individual a lo colectivo.
Archivos de memoria mutable y maleable.
Una memoria juguetona, con la que travestirse capa a capa de los miedos propios y ajenos,
de aquellas fantasías grotescas
que se acumulan entre el horror y el vacío,
para trascender los límites: cuerpo-mente-espíritu.
Performar para intercambiar.
El diálogo con los artefactos
se construye desde la activación del cuerpo,
Rehabitar el objeto-dialogante,
resimbolizar para poder darle vida
y conjugar al lenguaje con les otres.
Ser espect-actoras en un intercambio constante
de roles, entre hacer, habitar, observar y dialogar.
Una lombriz habitando entre lombrices,
en un deriva por las grietas que atraviesan
los paisajes de la cocreación y el juego.
Jugar siendo lombriz.
